Smile

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por que hay cosas que simplemente se adoran

viernes, 3 de diciembre de 2010

Primer capitulo de una historia rara?¿ Suena bien :]

Narra Lea:

Las calles estaban tan abarrotadas de gente como de costumbre. Los fines de semana si que es cierto que era casi imposible caminar por las calles de Londres. Pero aún así me encantaba hacerlo. Llevaba poco tiempo en Londres, pero, ya le había cogido el tranquillo a caminas por la ciudad. Por primera vez en los últimos días, ni Rajib ni Sam vinieron conmigo al paseo matutino. Decían que hacía mucho frío. Pamplinas. Las temperaturas habían bajado, pero no era para tanto.

Así que yo, armada de mi larguísima bufanda de colores, mi gorro rojo con extensas orejeras y mi mejor abrigo, caminaba calle abajo en dirección a la que hasta el momento, se había convertido en mi cafetería preferida. Llevaba mi libro de “Harry Potter” en la mano, el séptimo. Me encantaba.

Mientras caminaba observaba a la gente, a nadie en especial, a todos en general. Y entonces…, entonces fue cuando los ví. Me quedé embobada. No por que fueran guapos, que lo eran a rabiar. No. Si no por que eran iguales a ellos. Era una locura. Pero la locura afloraba mi vida. Y ellos, ellos eran clavados a mis queridos personajes de los geniales libros de fantasía que tenía más que leídos. Miré mis manos. Sostenía el libro. Los miré a ellos.

El de la derecha era alto, con el pelo negro, rizado, y un tanto largo. El de la izquierda era rubio, tan alto como su amigo. Tenía el pelo liso y lo llevaba mas bien de punta. Un peinado extraño, pero, guay. Me paré frente a ellos. Sin pensarlo.

Se quedaron mirándome y me puse nerviosa, no sabía si debía continuar mi camino o intentarlo.

-Dios mío. Os parecéis un montón a Sirius y a Remus. Los de Harry Potter. ¿Lo sabías, no? Supongo que os lo habrá dicho mucha gente, pero.., wow, es…, simplemente genial-. Dije sonriéndoles. Lo solté de una vez, todo de un golpe. Sin más.

-¿Conoces a Harry Potter?-. Preguntó el moreno.

-¿Y a Remus?¿Remus Lupin?-. Preguntó el rubio. Era más mayor que el otro, pero apenas unos años.

-¡Claro que los conozco! ¿Y quien no?-. Les mostré el libro y lo miraron Lo cogió el rubio y lo ojeó atónito. – Parece que no lo conocéis…, bueno, quedároslo, os gustará. Pero deberíais compraros los otros, y atender más a vuestro mundo. Encantada de conoceros-. Les sonreí y me fui.

-¡Espera! ¿De dónde lo has sacado?-.

-De la librería. ¿De dónde sino?-. Me fui riendo un poco.

Cuando llegué a la cafetería, al no tener nada que leer, me limité a tomarme un Capuchino y a charlar con la camarera. Era muy simpática.

Pasé allí un buen rato, y, tras ver que llevaba casi 3 horas charlando y que me había tomado como 3 cafés diferentes, decidí irme de vuelta a la residencia, antes de que llegase el toque de queda.

Así que, mientras yo caminaba, esta vez calle arriba, en dirección a la residencia donde me alojaba con Rajib y Sam, (entre otros muchos chicos y chicas de aproximadamente nuestra edad y de diferentes países), en un lugar bastante más alejado de mi posición, …

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