Narra Lea:
Así que yo, armada de mi larguísima bufanda de colores, mi gorro rojo con extensas orejeras y mi mejor abrigo, caminaba calle abajo en dirección a la que hasta el momento, se había convertido en mi cafetería preferida. Llevaba mi libro de “Harry Potter” en la mano, el séptimo. Me encantaba.
Mientras caminaba observaba a la gente, a nadie en especial, a todos en general. Y entonces…, entonces fue cuando los ví. Me quedé embobada. No por que fueran guapos, que lo eran a rabiar. No. Si no por que eran iguales a ellos. Era una locura. Pero la locura afloraba mi vida. Y ellos, ellos eran clavados a mis queridos personajes de los geniales libros de fantasía que tenía más que leídos. Miré mis manos. Sostenía el libro. Los miré a ellos.
El de la derecha era alto, con el pelo negro, rizado, y un tanto largo. El de la izquierda era rubio, tan alto como su amigo. Tenía el pelo liso y lo llevaba mas bien de punta. Un peinado extraño, pero, guay. Me paré frente a ellos. Sin pensarlo.
Se quedaron mirándome y me puse nerviosa, no sabía si debía continuar mi camino o intentarlo.
-Dios mío. Os parecéis un montón a Sirius y a Remus. Los de Harry Potter. ¿Lo sabías, no? Supongo que os lo habrá dicho mucha gente, pero.., wow, es…, simplemente genial-. Dije sonriéndoles. Lo solté de una vez, todo de un golpe. Sin más.
-¿Conoces a Harry Potter?-. Preguntó el moreno.
-¿Y a Remus?¿Remus Lupin?-. Preguntó el rubio. Era más mayor que el otro, pero apenas unos años.
-¡Claro que los conozco! ¿Y quien no?-. Les mostré el libro y lo miraron Lo cogió el rubio y lo ojeó atónito. – Parece que no lo conocéis…, bueno, quedároslo, os gustará. Pero deberíais compraros los otros, y atender más a vuestro mundo. Encantada de conoceros-. Les sonreí y me fui.
-¡Espera! ¿De dónde lo has sacado?-.
-De la librería. ¿De dónde sino?-. Me fui riendo un poco.
Cuando llegué a la cafetería, al no tener nada que leer, me limité a tomarme un Capuchino y a charlar con la camarera. Era muy simpática.
Pasé allí un buen rato, y, tras ver que llevaba casi 3 horas charlando y que me había tomado como 3 cafés diferentes, decidí irme de vuelta a la residencia, antes de que llegase el toque de queda.
Así que, mientras yo caminaba, esta vez calle arriba, en dirección a la residencia donde me alojaba con Rajib y Sam, (entre otros muchos chicos y chicas de aproximadamente nuestra edad y de diferentes países), en un lugar bastante más alejado de mi posición, …

No hay comentarios:
Publicar un comentario